¿Qué hace esta gente y qué pretenden los de PEstudio?

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Periodismo y comunicación social para cambiar el mundo

La Asociación Periodística, Estudios y Comunicación (PESTUDIO) es una suma de personas de a pié que desde la sociedad civil entendemos que a través de la información, la formación y el entretenimiento se puede alcanzar el progreso social.

Una sociedad bien formada e informada es una comunidad  en continua búsqueda del bien común consciente además, tal y como apunta Eduardo Galeano, de que  “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Periodismo y comunicación social para contar lo que no existe y para provocar una reacción en los ciudadanos que viven aislados de problemas que les atañen: jurídica, política y socialmente.

Se trata de provocar para pasar de una conciencia pasiva a una conciencia activa en la que exista el compromiso y se de la coherencia de pensar, hacer y decir pequeñas acciones que se plasmen en propuestas concretas que mejoren la vida de las personas.

Estas nuevas propuestas se convierten en parte de la solución de muchos problemas sociales actuales, que ni son ni deben ser, responsabilidad de solo una parte de la sociedad: los problemas que nos atañen a los ciudadanos son responsabilidad de todos, insisten en PESTUDIO, tanto a nivel jurídico, como político y social.

P Estudio tiene actualmente abiertas varias líneas de trabajo que se pueden consultar en la web www.pestudio.org.

 

Buen trato y protección a la Infancia

Una de estas líneas en la de difundir y divulgar una cultura a favor del buen trato a la infancia y adolescencia; también defender lo que marcan las normas y leyes sobre la infancia:  “cualquier menor de edad debe crecer, salvo excepciones bien argumentadas, en un entorno familiar que le acompañe hasta su integración en la comunidad adulta” y para ello se necesita a toda la sociedad para poder cumplir lo que es mejor para cada niño y niña.

Los colectivos más vulnerables deben ser siempre la prioridad. En cuanto a garantizar sus necesidades y defender sus derechos;  y cuando exista un daño, la sociedad en su conjunto debe contribuir a su reparación.

 

Lo que no se cuenta no existe

Niños de 11 años que maltratan a padres y abuelos; padres que devuelven a sus hijos porque no pueden con ellos; un repunte de las enfermedades sexuales a edades tempranas; adiciones desde la infancia que vuelven a amenzar la salud mental de generaciones enteras y que ponen en riesgo la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario; el hambre; la desnutrición; la obesidad; la falta de dinero para comprar medicamentos que recetan los pediatras; abuelas que dicen que todo va bien porque temen la intervención de la Administración en el cuidado de sus nietos; menores de edad que tienen que cumplir sentencias y no tienen plaza en centros  de reforma; manadas de quienes no han cumplido aún los 18 y salen ya a la calle “a cazar”; niños y niñas, adolescentes que pasan hasta su mayoría de edad por hasta 9 medidas diferentes de protección; las redes sociales que a veces son el peor modelo para todo ; los medios de comunicación, algunos, que han perdido el norte;  la  violencia doméstica; técnicos de menores que piensan que su trabajo les ha tocado por mala suerte; fiscales de menores que prefieren no saber porque si saben tienen que iniciar acciones que se les escapan; psicólogos que se escoden detrás de grabaciones y que se inventan historias en unas historia que no  les pertenecen; subvenciones milonarias  a entidades de acción social que las convierten en negocios de la solidaridad; alienaciones parentales que perjudican gravemente la salud de nuestros niños y niñas; la soledad que se cuela en el mundo de los más pequeños; el mal uso de la píldora del día después; la mala educación sexual; los embarazos en adolescentes; el acoso; los mini yo adultos en la moda y en los modos; problemas de salud en cuidadores adultos; las falta de respeto, la mala educación; las injusticias sociales; la pobreza; etc. etc.

Esto está pasando aquí y ahora, en nuestra sociedad, en el piso de arriba; en las aulas de nuestros colegios; en las calles de nuestros pueblos y ciudades; en los despachos de abogados; en los expedientes de jueces y fiscales; en la consulta de los médicos; en los cuidados de enfermería; en la agenda de nuestros educadores y trabajadores sociales; en nuestras relaciones del día a día…

 

¿La solución?

Empieza por considerar que el buen trato a la infancia y su protección son una prioridad.

En invertir en recursos humanos y en recursos económicos.

Y en apostar por la educación social de toda la sociedad hasta que haga piña para defender el interés superior de cada uno de nuestro s niños y niñas. O lo que es lo mismo, atender todas sus necesidades y defender todos sus derechos. Es nuestra obligación jurídica, política y social para con los ciudadanos que aún no han cumplido su mayoría de edad.

Y en no tener miedo a un cambio de actitud. Dejar a un lado prejuicios, juicios y estereotipos y en su lugar dejar paso a la hospitalidad, al acompañamiento y a la compasión, para siempre estar al lado de.

Isabel García – periodista

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